Historia de FictiSoftware

Un estudio nacido del caos que aprendió a diseñar desde el núcleo

En el corazón de Latinoamérica, entre montañas, en un valle gótico tropical, salsa, rock bailable y calles saturadas de contradicción urbana, surgió a finales de los noventa una idea improbable en el contexto de la ingeniería, que el software no tenía que ser únicamente mecánico sino orientado a lo que nos hace humanos.

FictiSoftware LATAM nació antes de que el diseño UX tuviera nombre, antes de que hablar de propósito fuera moda, y mucho antes de que lo ficti avanzara tanto que no podría distinguirse de la realidad misma.

Era solo un puñado de estudiantes jóvenes. Una visión en bruto. Un impulso por entender y organizar el mundo digital con sensibilidad

Veinticinco años después, esa idea no solo persiste, sino que se ha transformado en una práctica: diseñar con intención, diseñar con alma.

I. El Origen: diseñar sin saber que era diseño

Pedro Barco, un estudiante caleño con inclinaciones empresariales desde el colegio, encontró en la universidad una oportunidad inesperada: asociarse con Julián Yory, estudiante de Ingeniería de Sistemas, para crear la marca de un proyecto integrador.

Ese fue el inicio de FictiSoftware, que combinó desde su concepción la voluntad de crear juegos de video, de mezclar el lenguaje lógico de la ingeniería con la estética underground de los fanzines, expresar el sarcasmo y una necesidad de expresión que iba más allá de la lógica

Durante una década, la experimentación fue el método: HTML, Flash, JavaScript, video, animación 3D, estructura narrativa, eventos. 

La idea de Ficti no era solo destacarse por romper moldes, sino por buscar algo que resonara con el otro. Que dijera: esto lo hicimos con las manos, pensando en vos y es así como en 2007 se desarrolló el Festival de Video Chancle.

II. De la buena onda al burn out

Como todo emprendimiento nacido del deseo, FictiSoftware atravesó años de lucha silenciosa. El éxito técnico no traía salud financiera. La vocación chocaba con la falta de límites. Proyectos eternos, presupuestos mal cerrados, clientes corrosivos.

En 2014, llegaron contratos importantes con entidades médicas y educativas. Parecía que todo se alineaba. Pero el crecimiento venía con enormes desafíos que pondrían en jaque a Ficti, temporalmente. 

La oficina en Cali se cierra. Pedro migra. La marca entra en pausa. Lo que había sido una visión compartida se convierte en un campo vacío.

Lo que viene después no es solo una crisis de empresa. Es una crisis de identidad creativa.

III. El rediseño de núcleo

En los años de exilio, Ficti no se apaga. Pedro observa. Se forma. Experimenta con otras culturas, otros ritmos. Aprende algo fundamental: el diseño no es una habilidad, es una forma de atención.

Cuando regresa a Colombia, no regresa solo. Trae una visión más ligera, más estratégica. Redefine Ficti como un estudio creativo digital, más enfocado, más consciente de su lugar en el ecosistema latinoamericano.

IV. Renacimiento: diseñar experiencias que respiren

Ficti no promete lo imposible. No vende humo. Ofrece algo más raro hoy: procesos digitales que escuchan antes de ejecutar, que interpretan antes de codificar.

Trabaja con contenidos para marcas en EE.UU., explora el uso de IA como asistente creativo, diseña experiencias personalizadas donde el foco no es la estética como espectáculo, sino la estética como contención emocional y claridad narrativa.

V. Hoy: una visión para los que todavía creen en lo humano

FictiSoftware LATAM no compite por ser la más grande ni la más original, pues en lo Ficti encontró su océano azul.

Su propuesta es más íntima: crear soluciones digitales que funcionen y, al mismo tiempo, hagan sentir bien.

Para clientes que no buscan solo visibilidad, sino dirección.

Para proyectos donde el alma y el propósito todavía importan.

Para una Latinoamérica que no necesita seguir fórmulas, sino trazar su propio camino.